• EL ARGUMENTO
  • PROGRAMA
    • Las simultáneas
    • Plenaria
  • EUROFÉDÉRATION
  • ARCHIVOS
    • Pipol 8
    • Pipol 9
    • Pipol 10
    • Pipol 11
    • Pipol 12
  • ORGANIZACIÓN
  • CONTACTO
    • Organigrama
    • Difusión
  • it Italiano
  • fr Français
  • es Español
  • en English
Pipol Congrès
  • Hitos
  • Ejes
  • Puntos de interrogación
  • Leido por…
  • El detalle
  • El mundo
Pipol 13
Home Hitos

El análisis no es una confesión

by Antonio Di Ciaccia
19 octubre 2026
in Hitos
El análisis no es una confesión
0
SHARES
0
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

«Cuéntaselo todo a mamá» es la invitación que la madre le hace al niño cuando está angustiado. «A mamá se lo cuento todo», afirma la niña, hasta que llega un momento en que ya no le cuenta todo, es más, ya no le cuenta nada.

El «decirlo todo» es una expresión que parte de una orden, en su mayor parte implícita. Una orden que se apoya, se perciba o no, en esa función que Lacan denomina sujeto-supuesto-saber. Es precisamente en relación con la función sujeto-supuesto-saber que incluso el juez puede intimar al testigo a que diga toda la verdad, nada más que la verdad. Se trata, en este caso, de la verdad entendida como aquella característica de lo que es conforme a la realidad. Entre otros ámbitos en los que observamos el «decirlo todo», comparemos la dirección de conciencia, la confesión y la dirección de la cura.

En lo que respecta a la dirección de conciencia, el dejarse dirigir no implica por sí mismo la obligación de decirlo todo a su director espiritual, quien, además, debe ser elegido libremente, tal y como señalan los textos conciliares [1]. El punto sobre el que Lacan centra su crítica y la incompatibilidad con la dirección de conciencia radica precisamente en la diferencia del objeto sobre el que se centra la dirección: a diferencia de la dirección de conciencia, en la que se dirige al fiel, en la dirección de la cura el analista «no debe dirigir en absoluto al paciente». «La dirección de la conciencia, en el sentido de la guía moral que un fiel del catolicismo puede encontrar, queda aquí radicalmente excluida» [2]. En el psicoanálisis se dirige la cura, no al paciente. 

En su texto, Lacan precisa en qué consiste esta dirección en el psicoanálisis. La dirección de la cura «consiste en primer lugar en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica» [3]. He aquí que aparece un factor determinante, una regla inderogable, que ya se había establecido en el ámbito del funcionamiento de la justicia, donde, sin embargo, se refería a decir toda la verdad, la verdad fáctica, obligación a la que debe atenerse el testigo en un juicio, so pena de ser condenado por falso testimonio. También en la experiencia psicoanalítica se trata de «decirlo todo» ateniéndose a ese parámetro ineludible que Freud denomina Grundregel, regla fundamental, y que precisa en el ensayo de 1913 Zur Einleitung der Behandlung [4]. Sin la voluntad del paciente de atenerse a esta regla, no hay análisis.

Antes de profundizar en el contenido de la regla fundamental, comparemos la orientación de la cura con el sacramento de la confesión, en el que se trata de «decirlo todo» con respecto a otro parámetro, también imprescindible, so pena de que no sea válido el acto de absolución que conlleva el sacramento de la penitencia. En la confesión se trata de confesar todos aquellos pecados que la teología moral denomina pecados mortales. En la práctica, se trata de aquellos actos que transgreden lo que llamamos los diez mandamientos y que se recogen en dos libros de la Biblia [5] y «promulgación de esos mandamientos por algo que se anuncia como Yo soy el que soy» [6]. En resumen, el objeto de la confesión es un acto que transgrede uno de los diez mandamientos. Sin embargo, el acto debe ser realizado por un ser humano que actúe de forma voluntaria y consciente.

De naturaleza totalmente diferente es, en cambio, el imperativo al que se somete quien se atiene a la regla freudiana. Al dirigirse al «Hombre de las ratas», Freud le explica que debía decir todo lo que se le pasara por la mente, aunque fuera desagradable, irrelevante, sin sentido o absurdo. Esa era la condición, que según Freud era la única a la que la cura le obligaría. El paciente debía atenerse a esa regla para que en el sujeto pudiera tener lugar lo que Freud denomina Einfall,es decir, esa caída, esa irrupción que erróneamente se traduce como «asociación libre». El Einfall —término extrañamente similar a Umfall, «accidente», «desgracia»— aparece en los textos freudianos mucho antes que la Grundregel, ya que está presente, incluso en su forma verbal, desde la Traumdeutung [7]. Y, sin embargo, el Einfall carece de eficacia si no está firmemente anclado, y de manera imprescindible, a la Grundregel.

Este «decirlo todo» se diferencia, por tanto, según el objeto en cuestión en los dos procedimientos: el pecado cometido conscientemente por el penitente, y la cadena significante que funciona inconscientemente para el analizante. Además, en ambos procedimientos es similar todo lo que se refiere a los sentimientos, los afectos y las angustias. Aunque puedan atormentar al penitente, no son ni materia de confesión ni pruebas de arrepentimiento. Aunque en una cura analítica se toman en cuenta los afectos, no lo son ya en cuanto causa, sino únicamente en cuanto efectos del funcionamiento significante sobre el sujeto.

En cambio, la finalidad de ambos procedimientos es discordante, ya que el objetivo difiere claramente. Para el penitente es la absolución del pecado cometido; para el analizante, si bien no hay perdón por su propio obrar, existe, no obstante, la posibilidad de establecer una nueva alianza con la pulsión.

 

 

[1] Concilio Vaticano II, Documentos, Ed. Dehoniane, Bolonia, 1965, núm. de marzo 748, 788.

[2] Lacan, J., «La dirección de la cura y los principios de su poder», Escritos, vol. II, Siglo XXI, Buenos Aires, 2009, p. 560.

[3] Ibidem.

[4] Freud, S., «Sobre la iniciación del tratamiento», en «Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis»,  Obras completas. vol. XII, Amorrortu, Buenos Aires, 1991, pp. 121-144.

[5] Éxodo 20, 1-17 e Deuteronomio, 5, 6-22.

[6] Lacan, J., El Seminario. Libro 7: La ética del psicoanálisis (1959-1960), Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 100.

[7] Freud, S., «La interpretación de los sueños», Obras completas, vol. III, Amorrortu, Buenos Aires, 1966.

 

Paul Κlee, Tableau mural, 192 

Print Friendly, PDF & Email

La gaceta

Nous n'avons pas pu confirmer votre inscription.
Votre inscription est confirmée.

© Copyright 2026 - EuroFédération de Psychanalyse - Design by PUSH IT UP - Mentions légales

  • PIPOL 13
    • Hitos
    • Ejes
    • Puntos de interrogación
    • Leido por…
    • El detalle
    • El mundo
  • EL ARGUMENTO
  • PROGRAMA
    • Las simultáneas
    • Plenaria
  • ORGANIZACIÓN
  • EUROFÉDÉRATION
  • Archivos
    • Pipol 8
    • Pipol 9
    • Pipol 10
    • Pipol 11
    • Pipol 12
  • Contacto
    • Organigrama
    • Contactarnos
    • Difusión
  • Español
    • Inglés
    • Francés
    • Italiano

© Copyright 2024 - EuroFédération de Psychanalyse - Design by PUSH IT UP - Mentions légales

Welcome Back!

Login to your account below

Forgotten Password?

Create New Account!

Fill the forms bellow to register

All fields are required. Log In

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.

Log In

Add New Playlist